Relojes de Sol

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No se tiene una fecha exaca de la construcción de los primeros relojes de Sol, aunque se sabe que los Griegos,  
y antes los Babilonios ya los usaban. En el siguiente artículo se hace una exposición somera de estos relojes y algunas consideraciones sobre el tiempo.

Actualmente los relojes de sol han quedado en su papel de elemento ornamental, dejando en el pasado su época de esplendor, cuando ellos señalaban la hora oficial. Por que debe saber el lector, que la hora marcada por los relojes de sol no es la misma que la señalada por los relojes mecánicos, eléctricos, etc. y que es la que tomamos como hora oficial. Más adelante volveremos sobre esta cuestión.

Y es que en esto de las horas y contar el tiempo hay más lío del que parece, tanto es así que algunos sesudos científicos aseguran que el tiempo no existe, que es una mera invención humana. De todos modos algo tiene de extraño el tiempo, por que, a diferencia de otras magnitudes, para el tiempo no se ha encontrado una unidad mínima, la fracción o paquete más pequeño posible. La unidad mínima de materia sería el átomo, de energía el cuanto, o electricidad el electrón, el pero el tiempo fluye de forma continua sin interrupción aparente. 

Pero volviendo al tema objeto del artículo, podemos ver relojes de sol en las fachadas de las casas solariegas, o en algunos edificios oficiales. En concreto en la ciudad de Valencia, según tengo entendido, no hay ninguno, y sinceramente yo tampoco recuerdo haber visto alguno. Donde si los podremos ver, y en abundancia, será en la población de Otos, en la Vall d'Albaida. Más de quince hay por sus calles, colgando de sus fachadas o adornando sus plazas, algunos realizados por conocidos artistas, y que compiten en belleza con la magnífica vista que nos ofrece la Cresta del Benicadell.

En general, los relojes de sol incorporan dos elementos comunes a todos ellos, el gnomon o estilo, y la escala graduada. El gnomon suele ser una varilla metálica, pero también hemos visto un cuchillo de cocina, una arista aguda, un cilindro de hierro, o cualquier elemento que proyecte su sombra, o un rayo de luz reconocible. Lo mismo podemos decir de la escala, puede ser circular, plana, esférica, o cualquier otra forma que recoja la sombra del estilo. La mayoría indican la hora proyectando la sombra del gnomon sobre la escala, quizá, ¿sería más propio llamarles relojes de sombra?Reloj ecuatorial

Hay varios tipos de relojes, pero los más habituales son: los que constan de una escala plana, vertical, generalmente en una pared y un gnomon sujeto a ella, a estos también se les llama cuadrante vertical. Otros tienen su escala plana, horizontal con el gnomon inclinado sobre ella. En otra clase muy extendida la escala es un semicírculo alrededor del gnomon, a estos se les denominan ecuatoriales. En las fotografías podemos ver un cuadrante vertical y un reloj ecuatorial diseñados por el autor. En ambos tipos el gnomon está orientado paralelo al eje de rotación de la Tierra, parece complicado pero no lo es, basta con orientar el gnomon hacia el polo norte celeste, aproximadamente hacia la estrella polar. La Tierra gira una vuelta cada día alrededor de su eje, podemos decir que, aparentemente, el Sol gira alrededor de la Tierra una vuelta al día. Si el eje de la Tierra y el gnomon son paralelos, el sol también girará una vuelta al día alrededor de este. El Sol gira 360 grados en un día, 24 horas, que corresponden a 15 grados cada hora.

En los relojes de pared, si el gnomon está orientado al norte, la marca correspondiente a las 12 está siempre vertical, debajo de este. Si la pared se encuentra orientada exactamente hacia el sur, las horas estarán marcadas simétricamente a ambos lados de las 12. Ahora bien, este es el caso más improbable, lo normal es que la pared está orientada hacia el este u oeste (fig. 1).

Si la pared mira hacia el este diremos que declina a levante, en este caso la luz del sol la iluminará desde el amanecer, por tanto podrá señalar todas las horas de la mañana, pero quedará a la sombra antes del ocaso, y no señalará todas las horas de la tarde. Por el contrario, si mira al oeste diremos que declina a poniente no recibirá los rayos del orto y no marcará todas las horas de la mañana, aunque recibirá la luz de la tarde hasta la puesta, indicando todas las horas de la tarde (fig. 2). Haciendo el razonamiento al contrario, viendo si faltan horas de la mañana o de la tarde sabremos hacia donde está orientada la pared.

Apuntamos al comienzo del artículo que la hora que marcan los relojes de sol no es la misma que los mecánicos, etc., ya que la velocidad aparente del sol no es la misma todos los días, adelantando o atrasando a lo largo del año. Esto se debe a que la velocidad de la Tierra, en su órbita alrededor del Sol, es variable en función de la proximidad de ambos astros. Puesto que la duración del día solar es la combinación de la velocidad de rotación de la Tierra sobre si misma, que es constante, y la velocidad alrededor del Sol, que es variable, la duración del día solar es variable. En la práctica el sol adelanta y atrasa, la diferencia llega a 18 minutos con la hora oficial.

Por supuesto que estas variaciones se cancelan mutuamente a lo largo del año, y solo cuatro días cada año los relojes mecánicos y los solares señalan la misma hora. La diferencia entre la hora señalada por el reloj de Sol y la hora oficial se denomina “ecuación de tiempo”. Además, para obtener la hora oficial, a la hora señalada por el reloj de sol le sumaremos una o dos horas según estemos en horario de invierno o verano respectivamente.

A finales de la Edad Media y durante el Renacimiento, cuando ya habían relojes mecánicos, pero eran más populares los de sol, la hora señalada por los primeros había que adaptarla a las variaciones de la hora solar. Aunque se sabía que esta no era uniforme se tomaba como hora oficial.

En la actualidad las escalas de tiempo no se basan en el movimiento de los astros, si no en las vibraciones atómicas contadas por sofisticados instrumentos electrónicos. La velocidad de giro de la Tierra ha dejado de ser patrón de tiempo, pero como en el Renacimiento, seguimos añadiendo segundos a nuestro tiempo para ajustar la hora con la posición de la Tierra. Y es que nuestra querida tierra gira cada vez más lenta, las causas son complejas, pérdida de energía por las mareas, movimientos de masas en el interior, atracción de la Luna... Su velocidad de rotación se hace más lenta, por eso al último minuto del año 2008 le añadimos un segundo más. Desde el principio de 1900 se han añadido 66 segundos a la hora oficial, de esta forma se mantiene la concordancia entre el giro de la Tierra y el tiempo señalado por los relojes atómicos.

 

 

 

 

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